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Sobre la generalización y otros “productos”.

febrero 25, 2012

El otro día Joan Rosell (más conocido como “Risitas”), actual presidente de la CEOE y una persona muy querida entre la clase trabajadora, expectoraba su amor a los parados con otra de sus declaraciones, para acto seguido redondear su opinión con una petición de “amnistía fiscal” (que él habilmente matiza con el término “regularización”) a los pobres empresarios que tienen su dinero en paraisos fiscales o directamente guardado bajo alguna baldosa de su despacho.


¿A quién quiere engañar?,  yo entiendo que los españoles hemos demostrado ser unos auténticos masocas, no hemos tenido suficiente con la desastrosa gestión del gobierno saliente, para al final permitir por acción u omisión que venga otro directamente a tocar la línea de flotación del sistema en el que vivimos más o menos bien.  Lo se, no fue que votase más gente al PP, es que de forma casi suicida el PSOE vivió su “Titanic” particular y se hundió con la marejada económica, por lo que los fieles votantes del PP tuvieron más fácil hacer valer su opinión respecto a la crisis.

A la vez que yo como desempleado “parásito” viajaba a Mallorca el pasado diciembre, el PP iba preparando su “zafarrancho” de medidas con las que combatir una crisis en las que las ideologías han fracasado estrepitosamente frente a un poder económico regalado a un conjunto de “mercados” que infunden el terror al más puro estilo de la mafia siciliana, bien lo saben los italianos.

Pero volvamos al tema de esta entrada, ¿qué es generalizar?: generalizar consiste en extender tus ideas a diestro y siniestro sin pararte a mirar si estas pueden tener matices o estar directamente equivocadas por una influencia externa, a todos nos pasa, somos manipulables y es nuestro deber intentar desconfiar de lo que nos dicen, especialmente cuando son declaraciones altisonantes, como es el caso del señor Rosell. Es enormemente dramático ver estas palabras escritas en múltiples diarios cuando hay hasta un 30% de pobreza en algunas regiones españolas según Caritas, ¿acaso no sabe este señor que no hay situación más vergonzante que tener que vivir de la caridad de los demás?, aunque a mi no me parece motivo de vergüenza que un padre o una madre de familia en vez de salir y delinquir, recurra a la caridad, a mi lo que me averguenza es que haya habido cerca de 720.000 millones de sobrevaloración vergonzante de activos inmobiliarios transferidos entre generaciones desfavorecidas  (por el sólo motivo de haber nacido más tarde) a propietarios y promotores inmobiliarios, ¿no es ese realmente el problema que acucia a España?…

Podría extenderme también con los miles de parados que incluso sin saber idiomas han buscado el primer vuelo para irse a Noruega, ¿también estos son esos que milagrosamente buscan trabajo sólo al final de su prestación por desempleo?, por cierto, Noruega no está demasiado lejos de Laponia señor Feito. Iguamente dolorosa es la situación que sufrimos muchos españoles que, como es mi caso, aún teniendo alta cualificación e idiomas, desengañados no tenemos oportunidad alguna de trabajar en el sector para el que tanto esfuerzo hemos depositado preparándonos durante años.

Tampoco podemos emprender todos  a la vez debido a que no hay mercado para todos, es evidente que si se han cerrado miles y miles de pymes, el emprendedor de ahora tendrá más de un 80% de probabilidad de fracasar y encima terminar arruinado, sino intenten ustedes emprender y verán que tendrán que poner como garantía incluso el piso de sus padres.


Entre esos parados, hay muchos que contemplaban como los que han arruinado literalmente a comunidades autónomas salen de los juzgados sonrientes y creyéndose honorables, ¿honorables?. Miles de pymes y autónomos llevan años dando crédito gratis al Estado, autonomías y ayuntamientos de todos los colores, muchas no han podido sobrevivir porque casi siempre las empresas más poderosas (las del ámbito de la CEOE) eran las primeras de la lista al cobrar. Esa es la verdadera ruina de España, el que haya una dinámica de sangrar al eslabón más débil, aquel que en realidad sustenta la economía, porque es el que conforma la mayoría social y por tanto consumidora.

La transferencia de rentas de la que antes he hablado es el fruto de estimar la sobrevaloración inmobiliaria de los años del “boom”, multiplicada por el número de hipotecas concedidas a particulares, y es que sin obviar que algunos de ellos especularon con un bien básico, los que realmente se beneficiaron fueron en general empresarios de esta actividad que llegó a suponer casi un 25% de nuestra economía, y son precisamente ellos los grandes deudores de la banca, pero claro, ellos tienen herramientas legales que les exoneran de responder por sus excesos, tampoco los bancos quieren pagarlos, los empresarios empeñados en mantener sus márgenes liquidan trabajadores, desconociendo o haciéndose los ignorantes de que esa liquidación terminará por afectarles, ¿qué parado podrá con 800-900 euros al mes costear el estilo de vida que nuestra economía demanda?, la economía sumergida de las “chapuzas” digan lo que digan no es el problema, el problema reside en que hay miles de millones que durante esa burbuja se recogieron y ahora están lejos de España.

Terminaré alegando en favor de los trabajadores algo muy evidente, y es que cualquier trabajador mileurista con diez años cotizados ha pagado sobradamente sus prestaciones. En su momento la Seguridad Social ha percibido entre 40.000 y 90.000 euros, lo digo alto y claro:  NO nos están regalando nada, todo aquello que percibimos ahora es gracias a un seguro “forzoso”, y me alegro de que sea forzoso, pero que no venga ni el señor Rosell, ni nadie de esa casta de “consejeros”, a darnos lecciones. Somos nosotros los que sostenemos sus empresas, nosotros los empleados somos tan responsables como ellos de que las empresas funcionen, y por cada parásito que pueda existir, yo garantizo, porque lo he vivido, que la mayor parte de las personas se dejan la vida (a veces esto es desgraciadamente literal) por sus respectivas empresas.  Recordemos que hace pocos años había con frecuencia casi diaria noticias de obreros muertos en la construcción por accidentes en muchos casos evitables, ¿quién se acuerda de ellos ahora?… Ahora no hay accidentes, simplemente mueren de pena viendo como no pueden pagar esa hipoteca que contrataron en la ignorancia, en el desconocimiento, en la barbarie que esos como el señor Rosell han generado durante esta década bochornosa y que espero algún día sólo sea un mal recuerdo.

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