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No es cambio, es transformación…

marzo 28, 2011

Ya no cabe la menor duda, el mundo sufre un cambio una transformación compleja y meditada, un proceso inherente a la globalización en el que nuevamente las masas contemplamos con asombro el entorno, cambiante y retorcido, profundamente herido en sus estructuras, con una semejanza casi similar a la de un tumor, ya que cada ser humano, cada célula en este complejo sistema social está creciendo descontrolada cuando se le dotan de medios para comunicarse y replicarse. ¿Es peligroso este proceso?

Quizás si lo pueda ser, de hecho muy recientemente ha transcedido a través de la red “Anonymous” un sistema llamado “Metal Gear” (quizás inspirado en el mítico juego de MSX y Nintendo NES) en el que como suele ocurrir en estos juegos “conspiranoicos”, el gobierno malvado de turno quiere dominar el mundo utilizando las “armas” que la sociedad va creando para su comunicación, vamos, nada nuevo, porque ya la radio, televisión y otros medios han tenido mensajes subliminales y muchos procesos para incitar cambios sociales, tal como que compremos la “Coca Cola” ó excelentes acciones de tal o cual empresa.

Lo cierto es que la red social es mucho más compleja, ya casi nadie duda que en cierto momento uno puede manipular su entorno, de hecho es un proceso tan natural, que tampoco debiera extrañarnos que haya un “Metal Gear” u cualquier otro sistema para tratar de derrocar dictadores o evitar la quiebra de un sistema, tal como pasa con el delirio mundial al que asistimos en esta crisis sin precedentes, donde nos están llegando a convencer que somos los malos de la película porque somos inflexibles en nuestros trabajos, compramos pisos sobrevalorados y para colmo no consumimos suficiente cuando resulta que nos suben todos los suministros básicos para el día a día.

Por eso hoy me he decidido a escribir, para de alguna manera hacer entender que quizás mi entelequia del cambio no sea tal, sino una profunda transformación de la sociedad al existir nuevos mecanismos no previstos y que inevitablemente progresan, porque su interrupción serían la base para una probable revolución de imprevisibles consecuencias. Si, como lo oyen, o mejor dicho, como lo leen… sería más que probable que al igual que puede pasar con el fútbol, cuando ciudades enteras se han echado a la calle para no ver desaparecer al equipo de sus amores, pues a nivel mundial un país entrase en la ira y la revolución si se le quitan sus distracciones, tanto es así que buena parte de la “revolución árabe” ha podido venir gestándose décadas atrás con la irrupción de los televisores y las correspondientes antenas parabólicas que inundan por doquier cualquier barrio marginal, vean sino esta foto que hice en Casablanca el pasado 2009…

Ya me anticipaban unos compañeros de viaje,  camino de Marrakech, que había una profunda depresión en la que un mejor nivel educativo no se veía correspondido con unas mejores expectativas.

Así las cosas, tampoco aquí en España, ni en Europa muchos podemos aspirar a ni tan siquiera acercarnos a un mercado laboral que aproveche nuestras capacidades, nuestras ilusiones, nuestros conocimientos. Por tanto está tan justificada la revolución en Europa como lo pueda estar en Siria, Egipto o Libia.

Ahora en la era 2.0 ( término acuñado por O´Reilly, que anticipaba un universo plagado de intercolaboración e intercambio de información a velocidades instantaneas en todos los ámbitos de nuestra vida) nos vemos inmersos en una profunda paradoja: ¿no pueden manipularnos al igual que nos han manipulado desde siempre los medios de información?… La respuesta es simple: NO, por una razón, y es que si es imposible evitar discrepancias en un entorno pequeño, ¿cómo va a controlarse un entorno mundial?, por tanto cualquier intento de manipulación masiva tendrá su inmediato rechazo social en la forma más simple: la ignorancia del mensaje, y es que si un mensaje cala, será porque la correa de transmisión percibe que esa información merece la pena respaldarla. Si tan fácil fuera, muchos ya seríamos ricos porque estaríamos haciendo fortuna manipulando millones de mentes, los “spammers” lo saben bien, pero ellos manipulan tan sólo al 0,07% de los que reciben sus anuncios, aunque  lleguen a un 99% de los que navegan por la red y con ello se enriquezcan (ahora mucho menos gracias a los potentes filtros), ergo la realidad es que para que algo cale y sea aceptado, hace falta que sea bueno e interesante.

Siguiendo con el simil del tumor, al final vemos que el ser humano tiene una enorme capacidad innata para el autocontrol, incluso cuando en situaciones límite uno podría por naturaleza perder sus nervios, sin embargo las sociedades tienden a regular ese control, caso ejemplar el de Japón, donde no existe la perfección, ni mucho menos, pero sin embargo su sociedad demuestra un sentido cívico fuera de toda duda al trabajar conjuntamente para una rápida recuperación de su tejido dañado, esto por tanto nos da una pista clave: es probable que la revolución árabe derive en la búsqueda de una sociedad civil y participativa de la que ahora carecen, y quizás desde el mundo occidental nos planteemos que la “estabilidad” no ha de ser la excusa para apoyar dictadores, y esta vez si, apoyemos sus revoluciones con un sólo fin: consolidar paises prósperos.

El interés común es transformar el planeta en algo que nos sirva a todos, y ahora que la globalización nos permite ver una perspectiva en tiempo real de todo lo que sucede en nuestro entorno, los cambios sólo pueden ir en una senda positiva, todo porque el ser humano aislado es bueno, y cuando recibe una información sabe si es buena o es mala. El ser humano encerrado en una mala estructura social puede hacer barbaridades, ya sea una estructura familiar, tribal o de un país completo, si una masa de gente  surge defendiendo una locura y la sociedad está destruida, es probable que la sociedad acepte cualquier bárbaro sanguinario por dirigente, pero si por fortuna empezamos a construir sociedades basadas en el conocimiento, es probable que tras la difícil transformación inicial venga el cambio que realmente esperamos.

No quiero dejar de citar estas bonitas palabras de un obispo anglicano en la Abadía de Westminster, que he recogido del blog “Para Leer y Pensar” :

Cuando yo era joven, y mi imaginación no tenía limites, yo soñaba con cambiar el mundo. A medida que me torné más viejo y más sabio, descubrí que el mundo no cambiaría. Reduje entonces, mi campo de visión y resolví cambiar apenas mi país. Más acabé hallando que eso, también, era yo incapaz de cambiar. Envejeciendo, en el último y desesperado intento, decidí cambiar apenas mi familia, los más próximos, más, ¡ay de mí!, ellos ya no estaban allí. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente percibo: si yo me hubiese empeñado apenas en cambiarme a mí mismo, con mi ejemplo yo habría cambiado a mi familia. Con la inspiración de la familia y empeñado en ella, habría sido capaz de mejorar mi país y, quién sabe, podría hasta haber cambiado el mundo.

“El mundo es la suma de tus acciones”, esta frase es mía y la puse en práctica hace muchos años, creo que con éxito, así que espero que os pueda servir también…

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