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Cuando triunfa el sentido común

febrero 14, 2011

Todos los años me gustaba reflexionar privadamente en mi diario sobre el devenir de la sociedad, y ahora lo hago públicamente en mi blog, quizás sea algo que no elegimos hacer, sino que nos sentimos impulsados a hacer cuando creemos que la sensatez y el sentido común se están perdiendo, y que eso es la causa de tantísimos acontecimientos encadenados que vivimos en los tiempos más recientes, donde una mal entendida globalización es inteligentemente usada para beneficio de una pequeña, pequeñísima parte de la sociedad.

El primer día de este aciago 2011 hablaba de la cobardía, y realizaba un simil con un circo en el que muchos espectadores empezaban a hartarse del pésimo espectáculo. Hoy, 14 de febrero, una fecha comercial como otras tantas, llena de parejitas con hormonas desestabilizadas y frascos de colonia envueltos en un rojo tomate… hoy precisamente me ha dado por escribir, porque afortunadamente mis palabras se han ido hundiendo entre el gentío indignado de poblaciones como Islandia, Tunez, Egipto, Yemén y muy pronto Marruecos, China, Cuba, Italia, España, y supongo que muchos más sitios que cada uno a su manera, quieren ver cambiar las cosas.
¿España?, si, España, he dicho bien, ¿qué nos diferencia de Tunez o Egipto?, yo creo que mucho menos de lo que pensamos. Aquí vivimos en un estado supuestamente democrático, donde todas las ideas caben, donde podemos desarrollar nuestras ideas y convicciones sin restricciones, tenemos libertad de prensa, podemos abrir un blog y expresarnos, etc.  De acuerdo, pero a la hora de la verdad y en base a mi experiencia, puedo afirmar que lejos de vivir en un estado democrático, vivimos más bien en un régimen llamado “partitocracia” en el que dos partidos hacen y deshacen a su antojo, de cara a la galería muestran sus diferencias, pero puertas adentro son realmente dos estructuras afines que poco a poco van controlando más y más los medios de comunicación, hasta que, salvo por la libertad que nos ofrece Internet,  tenemos menos margen de expresión de lo que sería deseable, porque recurrentemente las asociaciones son ninguneadas y maltratadas por los resortes del poder, algo que no sucedía en los años 80, cuando estas eran fuertes y determinantes en casi todos los asuntos.

La corrupción sistémica de España sigue unas pautas que todos conocemos, y el que ha trabajado en puestos de cierta relevancia dentro del funcionariado, sabe a que me refiero, desde el dinero que se dilapida en subvenciones a proyectos inexistentes, hasta la absoluta falta de transpariencia en la gestión pública.

Por tanto, ¿qué nos separa de Egipto o de Tunez?, tan sólo dos cosas: la cantidad de dinero que esa corrupción pone fuera de circulación, así como los años de régimen, ya que nosotros “tan solo” sufrimos esta “partitocracia” desde mediados de los años 80, cuando un sistema electoral injusto ha empezado a asignar un poder fuera de lo común a unos partidos que en absoluto representan el pensamiento de la mayoría, e ideas muy concretas y aceptadas no salen adelante porque los resortes de los partidos lo impiden, silenciando o hundiendo a los que dentro de sus filas a veces intentan levantar la voz.

¿No les suena eso a su propio puesto laboral?, probablemente usted, querido lector, sea ahora un “silencioso” empleado que no levanta la voz, pero que sabe ver la absoluta falta de principios que muestran muchas compañías, individualice la causa y no encontrará nada, multiplique entonces en un conjunto de personas el efecto “silencio” y verá más claro que su propia empresa es víctima de esa cobardía que denuncio. Yo mismo he pagado con mi puesto de trabajo el haber permanecido fiel a mis principios morales y éticos, el haber denunciado lo que me parecía mal, y, como bien sabemos, los argumentos cuando se tiene buena parte de la razón, suelen ser fuertes y sólidos.

Como muestra, vale  el botón de Alex de la Iglesia en la “Gala de los Goya 2011”, su magistral y meditado discurso era un poema de sentido común y educación, con argumentos sólidos y probablemente estridentes, pero que ha obtenido una difusión sin igual, porque basta con comparar las cerca de 30.000 36.000 vistas del discurso de 2010 y las ya casi 100.000 ¡140.000! que ha obtenido el de 2011. ¡Eso es democracia!, nosotros elegimos lo que apoyamos y lo difundimos, pero el Gobierno y la “partitocracia” no quieren verlo, no se dan cuenta de que millones de personas con un nivel de inteligencia elevado, participan de la democracia real:  Internet. Salvo por los tarados mentales que tanto abundan (y que por desgracia hacen mucho ruido en los hilos de libre expresión), Internet es un foro maravilloso, escudriñado con detalle resulta un lugar donde cualquier político tendría que estar día y noche para palpar el pulso de la sociedad.

No costaría tanto tener una democracia real, en Islandia la aplicaron en su “revolución silenciada”, sin embargo esto no ha pasado el filtro de la censura mediática europea, porque no interesa que trascienda, aún así creo que ya casi todos los que tenemos un poco de interés, sabemos que en un país europeo una sociedad se cargó un gobierno que había corrompido todos los estamentos a base de una “ceguera” de billetes procedentes de la locura inmobiliaria mundial. Ahora como en “Fuente Ovejuna” sus ciudadanos han conseguido (sin víctimas mortales) llevar a los tribunales a los que les metieron en esa situación, y no les voy a negar que responsabilidad social han tenido todos, pero nosotros pagamos unos salarios muy elevados a unos gestores que deberían rendir cuentas siempre, y si no rinden, mi parecer es muy claro, deberían de inmediato dejar el cargo y pasar a la retaguardia.

Esperemos que al final 2011 no sea el año de la cobardía, creo que por fortuna me equivoqué con el vaticinio, así que ahora sólo queda desear que el cambio que ha comenzado sea positivo, duradero y que de una vez la educación, la cultura y la transpariencia social hagan que el dinero, el valor de nuestro esfuerzo, el valor de nuestra riqueza real como sociedad, sea transparente, equitativo y justo.

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One comment

  1. Buena reflexión



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