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La Economía 2.0, ó cómo reinventarse de nuevo (3)

agosto 11, 2010

Aquí estoy de nuevo para tratar de arrojar luz sobre las causas y consecuencias de la actual crisis mundial, derivada de un periodo de especulación sin igual en toda la historia de la economía moderna. Ya arrojé  en la anterior entrada unos aspectos fundamentales sobre el sistema monetario vigente y su irrealidad, debido a que la desregulación de los mercados ha arrastrado al dinero a un pozo sin fondo en el que ya es difícil generar un control mínimo que permita recuperar la confianza necesaria para que un emprendedor medio decida meter sus ahorros en algo que poco menos que da la seguridad de una tragaperras de barrio.

Hace casi seis años denuncié antes que nadie la locura que se cernía sobre un páramo de Toledo, en el término municipal de Seseña, donde una alianza política había permitido levantar en unos terrenos eclesiásticos comprados a dos duros un “paraiso” de 30.000 viviendas, de las cuales hoy se encuentran construidas 1/10 parte y habitadas 1/100 parte, en su día me tacharon de querer hundir los sueños de sus futuros habitantes cuando avisaba de lo que se venía encima, pero, ¿es que alguna vez fue un sueño vivir a 10 Km del núcleo urbano más cercano?

2. Las nuevas estructuras laborales

La situación de Seseña y la famosa residencial “Francisco Hernando”, más conocido como “El Pocero”, resulta sumamente ilustrativa de lo que no va a ser el futuro urbano.

Las nuevas estructuras laborales, que, tal como adelanté irán cambiando para nutrirse de un sistema mucho más dinámico y orientado a la productividad frente al “oficinismo” de hoy en día, tenderán a sostenerse en un tejido basado en las telecomunicaciones frente al sistema terciario ya desfasado y claramente improductivo salvo en aquel dedicado a la transformación de materia prima en producto final (sector secundario), que lógicamente es más interdependiente de las infraestructuras logísticas que existen, tales como las autopistas ó aeropuertos.

Sin embargo la mayor parte de la población trabaja en núcleos urbanos de tamaño medio-grande, con dificultades de tráfico, contaminación, problemas de habitabilidad y vivienda, y en general poco humanos puesto que las ciudades actuales tienden a generar en el coche la figura básica como herramienta conectiva.

Hasta aquí lo que ya sabemos y que han tratado miles de webs, de hecho en este mismo blog traté con detenimiento el atasco y sus causas, que por cierto fue destacado por WordPress entre los blogs que aloja.

En cambio poca gente se para a pensar en un nuevo modelo sostenible de urbanización, cuando delante de nuestras narices hay otros países que ya lo aplican cada vez con mayor eficacia, caso de la ejemplar Holanda. No voy a detenerme en explicar la eficiencia de un sistema que seguramente genere 1/3 del CO2 que pueda emitir un español medio, prefiero avanzar más allá y afirmar que España y muchos paises han de plantearse con seriedad el “teletrabajo” y la recuperación del “viejo” modelo de ciudad, adaptado al ser humano en un nuevo tejido productivo que demanda del trabajador una disponibilidad mayor y a la vez una menor dependencia de las oficinas clásicas.

Es espantosa la cantidad de terrenos que ocupan las oficinas y viviendas, el modelo americano de “dowtown” llegó a Europa para poco a poco destrozar nuestros preciosos núcleos urbanos, donde prácticamente en cualquier ciudad era posible ir andando de punta a punta, y el “desarrollismo” puso la guinda con centenares de barrios y ciudades dormitorio que finalmente derivó en el atasco diario que se generan en las vías de acceso a los centros de trabajo, cada día más diluidos y dispersos, pero que saturan las infraestructuras tanto de tráfico rodado, como de tráfico ferroviario y suburbano.

Sin embargo tenemos la banda ancha ya casi disponible en cualquier núcleo urbano de un tamaño mínimo, ¿por qué seguimos hacinados en cubículos de apenas 4 m2 por persona en oficinas a las que tardamos en llegar de media unos 26 minutos?, y eso con suerte, hay casos extremos en los que el trabajador invierte la friolera de 96 minutos para llegar a su puesto laboral.

Esto es un sinsentido que para cerca de un 60% de los puestos de trabajo podría evitarse, es más, incluso los puestos de trabajo que requieren movilidad, llegan a tener cerca de un 30% de jornada en los que el requisito necesario es tener conectividad al correo y sistemas de gestión de la empresa de turno, y mientras que en otros paises poco a poco aplican el teletrabajo, en España el “oficinismo” sigue vigente, con una cultura de la presencia frente al trabajo efectivo que tantos gastos genera, desde la climatización hasta la luz, desde los residuos hasta la emisión de CO2 durante el desplazamiento, por no hablar de la cantidad de horas que podríamos dedicar a la familia en vez de a los atascos.

Una vez más las redes sociales son la clave del sistema productivo del futuro, en el que el trabajador medio realizará el desempeño en su hogar, cerca de su familia, con todas las necesidades reales a tiro de piedra,  tales como el colegio, institutos, supermercados, tiendas de barrio, ocio… Por ejemplificar, un programador web podría perfectamente realizar su desarrollo vía VPN con conexión directa con sus compañeros vía “mensajero” o bien vía “cámara web” si es necesario un trato más directo, la empresa por su parte ahorraría muchísimo en costes de alquiler, electricidad y transporte del personal, a la vez que obtendría unas tasas de productividad muchísimo mayores, puesto que el empleado trabajaría con un nivel de felicidad mayor, ya que podría hacerse cargo de las necesidades de sus hijos, y además podría disponer de más tiempo libre, ya que todos conocemos perfectamente los periodos de producción en los que un sistema está compilando ó aplicando determinada actualización, y que en las oficinas suele aprovecharse para el café de turno, pues en este caso el empleado podría adelantar trabajo de hogar poniendo la lavadora o incluso irse a tomar un café mientras lee el periódico.

Las reuniones tendrían lugar en centros de trabajo compartidos, con lo cual los recursos serían más económicos, también las empresas compartirían los sistemas y delegarían en empresas especializadas el alojamiento de datos, web, y servicios “en línea”, ahorrando costes de infraestructura IT y naturalmente costes de personal, ¿hemos calculado el coste ambiental de tener tanta duplicidad de centros de datos?, ahí queda la cuestión.

A alguno puede darle miedo este nuevo horizonte laboral, especialmente en lo relativo a la cantidad de puestos de trabajo que sobrarían, y es cierto, pero lo que sobran son puestos de trabajo, no las personas, ¿por qué ocho horas es por convenio la jornada laboral habitual?, ¿no hay acaso días en los que en tres horas terminarías de hacer todo y otros en los que te faltan horas?, ya tienes la respuesta, el nuevo modelo laboral ha de ser flexible y adaptado a la demanda real de mano de obra.

En realidad, un ambiente de trabajo así, basado en los objetivos y la productividad derivaría en mejores relaciones laborales, ya que las empresas podrían programar reuniones oficiosas y encuentros amistosos entre empleados, con lo cual desaparecerían muchas de las tensiones que habitualmente se generan en los entornos terciarios.

Lo mejor de todo es que reinventarse de nuevo es algo que todos queremos y sabemos hacer, ¿por qué no lo hacemos?, sencillamente porque tenemos miedo al cambio, el ser humano es un animal poco proclive al cambio y muy asentado en sus relaciones e instituciones sociales, tal como la ridícula corbata, que a casi nadie le gusta, pero que parece obligada para el trato comercial, como si la seriedad la desprendiese una prenda y no la persona que la porta.

Esto es en definitiva la base del problema, que hasta que no vemos que al vecino le va bien con la innovación, no nos da a nosotros por aplicarla, y así ha sido hasta ahora, pero tendrá que dejar de ser así porque la información actualmente discurre a una velocidad brutal, y el hecho de que vivamos en una era “revival” de lo “clásico” nos permite aventurar que el ser humano acaba de descubrir que necesita entender el pasado para afrontar el futuro, y que las modas son algo pasajero y que poco a poco dejarán de tener sentido para dar paso a una era orientada al individuo, que no individualismo, porque de eso ya vamos sobrados, especialmente en la sociedad española.

El individuo será la base de la nueva “malla laboral” en la que todos estaremos conectados con las redes sociales, y esto a su vez generará ciudades más habitables, menos densas, lo que repercutirá en una baja de los valores inmobiliarios que sin duda favorecerán (sorpréndanse) la movilidad laboral. Cada vez generaremos menos residuos porque lo que anteriormente era importante a nivel material, (soportes de contenidos, aparatos electrónicos y demás) dejará de serlo conforme se simplifique y miniaturice la tecnología, llegando al extremo de que no tendremos la necesidad más que de tener interfaces y pantallas para desde el hogar hacer absolutamente todo, tanto hacer la compra como presentar la declaración de la renta, y lo mejor es que esto ya es una realidad, por lo que probablemente la necesaria socialización (no iremos a estar en casa siempre, ¿verdad?)  irá encaminada a nuevas formas de ocio comunitario basadas en aquello que no podemos tener en nuestro hogar debido a su elevado precio tecnológico o porque simplemente es más agradable disfrutar de unas cervezas con un amigo en una plaza repleta de árboles.

Quizás, y sólo digo quizás, las ciudades del futuro disten mucho del concepto actual de rascacielos y autopistas por doquier, y tendamos a racionalizar nuestro entorno teniendo núcleos urbanos densos y extensas áreas verdes, con una estructura urbana tendiente a ciudades intermedias y bien comunicadas unas entre otras, con cierta interdependencia y que a nivel del ciudadano se percibirán como ciudades muy completas que tendrán todos los servicios a distancias sumamente razonables, aunque todo ello dependerá lógicamente de la solución de los problemas de movilidad y aparcamiento, ya que el sueño de todo ciudadano es llegar rápido y cómodo a cualquier lugar, pero para ello antes hay que atajar el problema de la contaminación y las limitaciones espaciales que tenemos en un espacio finito.

Podría extenderme, pero creo que en general he tratado unos conceptos que por fortuna ya son actuales y que en este caso no adelantan casi nada, ya que la tecnología para el teletrabajo ya existe, y, potencialmente, el cambio de sistema es cuestión de tiempo, no de dinero, ya que los costes del teletrabajo y el desarrollo sostenible son infinitamente menores que el sistema actual, tendente a saturar, cual virus al uso, el medio en el que vivimos. Por cierto, la industria y agricultura seguramente si que tiendan a verticalizarse en el futuro.

En la próxima entrada voy a tratar un tercer punto muy interesante, (y probablemente final) que tendrá que ver con la política y la sociedad. Ya he avanzado algo cuando he sacado el tema de la corbata, y es que la sociedad y sus rémoras del pasado son las que lastran el cambio, hay muchas estructuras que cambiar y la economía del futuro depende única y exclusivamente de un sistema social avanzado, que busque el bienestar del individuo y la libertad de elección con la base del sentido común, la tecnología ciertamente nos puede hacer esclavos, pero si sabemos aprovecharla puede liberarnos para siempre de nuestro propio estátus como raza humana, ya hablaré de ello detenidamente.

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