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Atasco, la palabra maldita (6)

enero 29, 2010

Continuamos…

Otro problema bastante común en la red viaria española es la poca adecuación de las velocidades a las circunstancias reales, con velocidades anormalmente reducidas en autopistas que podrían tener una velocidad mayor, o velocidades excesivas en tramos que por peligrosos provocan inseguridad y frenadas en los conductores menos expertos. La orografía tampoco ayuda, los numerosos cambios de rasante y curvas terminan por hacer más caótica la circulación, con cambios de fluidez constantes. Un caso sumamente ilustrativo es la A-4, en el tramo inicial la velocidad está limitada a 70 km/h siguiendo con la estela de la M-30 que tiene una limitación genérica de 70 en todos sus túneles. Sin embargo en iguales circunstancias hay otras salidas del túnel en las que la velocidad es una más normal y adecuada: 90 km/h, ¿bajo que razonamiento se ha puesto esa velocidad?, basta con que alguien escrupuloso o con miedo a la multa tenga la feliz idea de hacer caso a la señal para que automáticamente docenas de coches se aglomeren detrás, ya que la velocidad natural en ese tramo recto con una visibilidad perfecta podría ser de 90. Sin embargo en circunstancias peores a la altura de Villaverde se permite ir a 120 km/h en un claro ejemplo de incoherencia. Posteriormente en tramos de tres carriles se fija la velocidad a 120 para acto seguido sin una razón clara limitarlos a 100 y de nuevo 120, en definitiva, si pusiéramos una máquina perfecta que regulase el tráfico de mil vehículos simultáneos, ni la propia máquina podría mantener el flujo sin tener que reducir la cola de vehículos a 100, la consecuencia es clara, en momentos densos se producen enseguida retenciones.
 

Hemos nombrado a la M-30, donde a una velocidad ya anormalmente reducida se le suma una gran cantidad de rádares y métodos coercitivos, ¿qué consiguen?, que a la deseada fluidez se le sume el elemento “miedo” y en muchas ocasiones se formen atascos como a la salida hacia el Puente de los Franceses, donde la gente sigue a 70 km/h pese a poder ir a 90, dejando vendido el tramo desde el estadio Vicente Calderón, que con cinco carriles pasa a tres y la capacidad de absorción resulta insuficiente para tanto tráfico, ejemplo claro de como una infraestructura adecuada al flujo, al final termina saturada pese a las millonarias inversiones.

No sólo eso, en muchas ocasiones los vehículos circulan a tan sólo 50 km/h en una vía categorizada como autopista, lo cual incumple la normativa que dice claramente que la velocidad mínima ha de ser 60 km/h. Si nos fijamos en otros ejemplos, tenemos los 80 km/h de los túneles en la Ronda del Dalt y Litoral de Barcelona, mucho más razonable para ir en quinta velocidad con un vehículo medio, ya que los 70 km/h obligan en muchas ocasiones a utilizar la cuarta e incluso tercera velocidad en descensos, ello consecuentemente produce más emisiones y ruidos. Precisamente en este sentido hay varios túneles en los que la fuerte pendiente embala los coches y posteriormente la fuerte subida los retiene, hay dos casos: incorporación desde M-30 a la A-3 Valencia y la inversa, incorporación desde la A-3 sentido Madrid-Bypass sur. La Avenida de Portugal también sufre parecido efecto.

La pregunta que nos hacemos en este análisis es: ¿realmente es segura y adecuada la velocidad de 70 Km/h?, pues a base de rádares y medidas coercitivas se ha conseguido efectivamente reducir los siniestros, pero esto no quita que haya que buscar el equilibrio seguridad-velocidad. Me parece clarísimo que con esa limitación se busca facilitar la recaudación de multas, recordando nuevamente que Barcelona aplicó con éxito la velocidad de 80 Km/h, demostrada como velocidad ideal para ir en quinta velocidad sin demasiadas vueltas de motor y un consumo mínimo.

También conviene que los ciudadanos empiecen a plantearse muchas cosas, entre otras la necesidad del uso del transporte privado, hay muchos casos en los que la gente utiliza el coche por comodidad, no por tiempo o economía, lo que obviamente es antiético debido a que muchas personas precisan de su vehículo con fines laborales y la comodidad de unos pocos supone miles de horas perdidas para un porcentaje muy elevado de profesionales, no discutiremos en cambio la opción del vehículo privado para aquellos que de no utilizarlo habrían de invertir > 50% que lo que puedan invertir en transporte público, hablando de diferencias de 1 hora diaria entre vehículo privado y transporte público.

Está demostrado que el punto crítico que diferencia una jornada de tráfico caótico y una jornada de tráfico con apenas hora punta es sorprendentemente pequeña, tanto es así que eliminando 15 de cada 100 coches obtendríamos una fluidez absoluta en el tráfico. ¿15 de cada 100 personas realmente no podrían prescindir de su coche?, es efectivamente la insolidaridad de unos pocos la que genera el perverso atasco.

Pero quitando el lado ético, si a pesar de todo un vial está saturado, hay cientos de pequeñas acciones que evitarán el mal uso de los viales, y estas están determinadas por las tres R: respeto, rapidez y racionalidad.

En breve publicaré el listado de recomendaciones a aplicar en nuestra conducción diaria y con ello finalizaré el tratado sobre la “psicología del atasco”, si todos lo aplicásemos ganaríamos mucha efectividad y reduciríamos drásticamente la cantidad y “calidad” de los atascos.

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