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Atasco, la palabra maldita (4)

enero 7, 2010

Efectos de la entropía

Regresando a Madrid, cuya red de transporte público fue muchas veces por delante de las necesidades poblacionales, resulta sorprendente que se interviniese con descaro en favorecer el transporte privado, y una vez “se logró” el caos absoluto de los años setenta, costó bastante ir normalizando el tráfico hasta que en los 90 comenzó una fase decidida de ataque al tráfico privado mediante la ampliación del metro, mejora de los autobuses y restricciones al aparcamiento en la zona centro, incluyendo la peatonalización de muchas calles. Esto consiguió reducir notablemente el tráfico en la almendra central, pero a su vez generó un efecto muy curioso, y es que la centrificación de las empresas debido a la distribución de la red de transporte público se tornó en descentrificación tan pronto esas restricciones impedían el tránsito en vehículo privado a oficinas céntricas, con lo que el caos se desplazó progresivamente a zonas antiguamente suburbanas, digamos que vivíamos el proceso en que las antaño zonas industriales se convertían en zonas de oficinas, quedando el centro en una especie de zona de servicios y comercial.

Con este desarrollismo se consiguió un reparto muy desigual de la población, y las generaciones subsiguientes tuvieron la decisión de optar mayormente por vivir cerca de sus familiares, lo cual trajo como consecuencia un cada vez más elevado número de desplazamientos a los centros de trabajo, esta falta de movilidad también se producía como consecuencia del cambio de sistema habitacional, que pasó de ser mayormente de alquiler a ser de propiedad.

Estos antecedentes provocan en Madrid un montón de desplazamientos irracionales, pues se dan casos de trabajadores que llegan a recorrer 40 km para llegar a su lugar de trabajo debido al arraigo familiar, y el efecto multiplicativo resulta abrumador cuando uno contempla las consecuencias en plena hora punta.

En Madrid además tenemos una falsa sensación de rapidez con el coche, todo ello por la grandísima inversión que se ha realizado en autopistas, hasta el punto de que esta ciudad ya está por delante de Los Ángeles en kilómetros de autopista por habitante. La falsa sensación de rapidez hace que lleguemos en coche en tiempos realmente competitivos que tornan en desesperantes cuando se producen los embotellamientos, todo ello fruto del efecto multiplicativo (a mayor distancia más retenciones y embotellamientos sufriremos). Ciudades como Alcalá de Henares sufren su particular calvario y todos los días los trabajadores invierten cerca de 40 minutos en simplemente salir a la autopista y llegar a Torrejón, como caso más flagrante, ahora ensanchan la autopista, ¿pero y el futuro?.

En nuestros días el 60% de la red de autopistas madrileñas es susceptible de sufrir atascos a lo largo del día. Intentando evitarlos se pusieron en marcha todavía más autopistas, esta vez de pago, y solamente se consiguió un fracaso porque muy poca gente las utiliza ya que finalizan en muchas ocasiones en puntos de poco interés y realmente no evitan los problemas de movilidad.

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