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Elegy (¿elegimos el amor, ó nos elige?)

diciembre 25, 2009

He terminado de ver “Elegy”, una película de Isabel Coixet, y tal como me ocurriera con “La Vida Secreta de las palabras”, vuelvo a estar impresionado por la particular manera de plasmar el amor que tiene la directora, muy afín a la manera en que yo personalmente interpreto el sentido de la vida y la relaciones sentimentales entre los que nos hemos dado por llamar “seres humanos”, ya que Isabel es honesta consigo misma y hace simple lo complejo. En realidad el amor visto desde un tercero viene a ser un estado parecido a la estupidez, por ello es increíble que cuando nos toca en primera persona seamos tan vulnerables, tan incapaces de articular palabra, y sobre todo, que muchas veces no seamos honestos.

El amor es un conjunto enorme de reacciones químicas, genética, lógica, prejuicios, valores, ideas, política, atracción, belleza, fealdad, dinero, fama, sencillez, entrega, ¿alguien da más para una sola palabra?, Eduardo Punset refleja en su “Viaje al Amor” como a veces somos reptiles en este sentido, y afirma: “Yo me iré de este mundo sin haber aceptado la infinita capacidad de la gente para hacerse infeliz”, ¿es verdad?, pues si, la mayor parte de las experiencias amorosas suelen ser un fracaso, un motivo de infelicidad, sin embargo algunos seres humanos somos capaces de hacer una introspección para darnos cuenta de que cada experiencia es algo más que una desdicha, el amor nos hace fuertes y capaces, el amor nos permite discernir entre la bondad y la maldad porque está intrínsecamente relacionado como punto de equilibrio entre el bien y el mal, el amor es capaz de conducir al ser humano a cometer las mayores crueldades, inimaginables incluso con sentimientos tan humanos como la codicia o el poder.

Yo soy cristiano, un ferviente cristiano, que define al amor como algo positivo y restrinjo su definición a la visión positiva, tiendo a pensar que el lado negativo del amor es precisamente la desdicha que nos provoca su ausencia. Es un hecho palpable que la gente que goza de amor en su vida tiende a ser más sociable y mejor persona. El sentirnos queridos, útiles y sobre todo especiales, nos hace encontrar un lugar en el mundo que nos permite a su vez transmitir a nuestros semejantes ese mismo sentimiento, y es que el amor alimenta al amor, y como bien dice “Love Actually”, ¿acaso vemos gente peleándose en la terminal de un aeropuerto?, no, vemos a familias, amigos, parejas que se abrazan, que sonríen, que se besan, que se aman.

Puedo hablar en primera persona de la experiencia de amar, y es que para muchos el problema de nuestras vidas no es el estar solos. Equivocadamente asociamos el tener pareja como una forma de evitar la soledad, cuando la soledad es lo que uno tiene cuando no busca compañía. En mi vida particular la gente me acompaña y me siento querido, sin embargo hay algo que me falta cuando contemplo la soledad de mi apartamento; la música o la compañía de las películas, los libros, etc. no son sino un refugio para nuestra necesidad de expresarnos, los “blogs” también son una forma de expresión, amar es una forma de comunicar, una calle de dos vías que buscamos con ansiedad, porque en realidad los seres humanos necesitamos amar más que nada en el mundo, sabemos que el amor es un misterioso complemento que nos ayuda a satisfacer en realidad una necesidad egoísta, tan egoísta como comer o disfrutar del sexo, esta necesidad es indescriptible porque parte de algo muy hondo, en nuestra naturaleza humana el amor es algo especial y particular, existe porque es una necesidad que perpetua nuestra especie y gracias a él sobrevivimos.

Isabel Coixet me ha transmitido lo que es el amor honesto, ya lo adelantaba, a mi me gusta el amor sencillo que los humanos hacemos complejo por puro miedo a ser felices, y es cierto, ¡tenemos miedo de ser felices!, nos produce terror ser felices porque sabemos que en cualquier momento algo alterará esa felicidad,  entonces intentamos poner barreras a la decepción, al desasosiego y al desamor evitando precisamente que subamos a nubes de felicidad, y sin embargo muchos hemos experimentado lo que es estar enamorados, no hay droga (por lo menos que yo haya probado) capaz de igualar el estado en que entra un ser humano enamorado, y tras el enamoramiento es cuando se evapora esa felicidad y con ello llega la inevitable crisis, porque a veces nos enamoramos de un caparazón,  no sabemos ver el interior de las personas. Sin embargo mis dos experiencias amorosas han sido muy especiales, porque yo no me he enamorado de un culo o un par de tetas, yo siento atracción por las personas más allá de su físico, reconozco que el físico jamás puede ser una barrera, sino la relación ya está condenada al fracaso, pero si el físico no es un impedimento, sólo nos quedará recorrer el camino más complicado, ese que nos permite enamorarnos de la persona como un todo, su conjunto de sentimientos, ideas, visión del mundo y como no, su belleza en el más amplio sentido de la palabra.

La relación que surge en “Elegy” tiene además una vertiente muy importante: la enfermedad, esta Navidad está siendo la prueba de amor para personas a las que aprecio enormemente, porque tienen un familiar enfermo de cáncer al que no conozco personalmente, y recientemente me he enterado de que un vecino tiene cáncer de páncreas, y a este si le conozco. Te hace reflexionar y mucho que estos acontecimientos surjan repentinamente, y nos hace darnos cuenta de lo fútil que es nuestra existencia, ¿sabemos ser felices?, ¿sabemos vivir?, a veces me lo pregunto, y es que la enfermedad es en ocasiones el motivo que une familias o recupera amistades, yo este año 2009 he aprendido muchas cosas, y aún siendo un año de crisis, interiormente ha sido el año más rico que recuerdo, gracias a 2009 he cambiado tantas cosas en mi vida que agradezco a Dios la oportunidad que me ha dado por vivir, y eso ya sólo es un motivo de felicidad, el hecho de que estemos aquí y podamos amar.

No hay palabras que describan los millones de conexiones neuronales que nos produce el hecho de estar vivos, nuestro sistema nervioso y nuestra vida son como los ríos, circulan por variados caminos, se abren paso cuando crecen, pero siempre acaban en el mar. Cuanto más leo y aprendo, más veo que todos los pensadores, filósofos y científicos han llegado a conclusiones parecidas; no importa como lo interpretemos, el hecho es que estamos conectados hasta un punto que nos maravillaría si pudiésemos demostrarlo científicamente. Creo que el amor en realidad es la corriente de la vida, a veces creemos odiar, pero en realidad el odio es la cobardía humana a reconocer que no somos capaces de amar al que tenemos enfrente.

Por eso, y como conclusión, quiero haceros ver que el amor es en realidad tan sencillo, que si lo supiéramos aceptar podríamos ser eternamente felices, la próxima vez que salgas a la calle recuerda que tu condición imperfecta y humana te dirá que enfrente está la competencia, gente que no te entiende, personas que ocupan tu espacio y que hacen tonterías… ¿y tú?, ¿te has mirado a ti mismo?, ¿tan diferente te crees?, somos 6.000 millones de mundos en un sólo planeta y todos anhelamos lo mismo: amar.

Feliz Navidad y que 2010 sea el comienzo de una nueva era.

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